Todo conejo es político

Bad Bunny en el super bowl desplegó memoria, arte, legado y altísimas dosis de perreo en lo que fue la primera presentación en español en la historia de esta serie.
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Tres jíbaros se cuelgan de postes de luz, una práctica común en los países latinos. Benito trepa, y canta mirándonos, hacia arriba. El ángulo de la cámara hace que seamos testigos, casi cómplices. Está subiéndose a una tarima en donde va a cantar El Apagón, de su disco Un Verano Sin Ti. Ya caminó por un campo de caña de azúcar, fue testigo en una boda, bailó arriba de un camión y le regaló su Grammy a un niño – que es el mismo hace unos años – como saliendo de adentro de un televisor antiguo. Todo durante el show de medio tiempo del Super Tazón.

Bad Bunny en el super bowl desplegó memoria, arte, legado y altísimas dosis de perreo en lo que fue la primera presentación en español en la historia de esta serie. Benito rindió homenaje, plantó bandera – literal – y dio una lección de amor en el epicentro del odio. No traicionarte a vos mismo te puede llevar a la cima del mundo.

Parece un sueño delirante en una noche de verano, de esos donde cosas inconexas se suceden, pero todo esto pasó. Se puede ver relatado en los portales del mundo. Benito Antonio Martínez Ocasio armó una fiesta puertorriqueña en el estadio Levi’s, de Santa Clara California. Justo en los veinte minutos que dividían el partido entre los New England Patriots y los Seattle Seahawks. La final del torneo de fútbol americano más importante del planeta.

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¿Por qué es histórico que un puertorriqueño se presente acá? Porque este es un deporte managereado principalmente por blancos, porque es el evento deportivo más prestigioso de Estados Unidos, por el contexto socio- cultural en el que se presenta, pero sobre todo porque es la primera vez que un hombre de origen latino que no tiene canciones escritas en inglés encabeza el halftime show. Por acá pasaron Gloria Estefan, Jennifer Lopez, Shakira, JBalvin todos ellos tuvieron que adaptarse al idioma de la casa. Lo de anoche habla de un cambio de paradigma en la industria musical a nivel globo: ya no hay que hablar en inglés para pegarse en yankilandia.

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El show de Bad Bunny más que arte, es un mensaje. Es profundamente político, histórico y en varios puntos revolucionario porque nunca ningún artista del mundo se había animado a cantar en español en este lugar. Y mucho menos canciones que homenajean a otra patria. El artista más convocante del planeta – sin ir más lejos, ganó un Grammy a disco del año el domingo pasado- dio un show conceptual, majestuoso y sin concesiones. Una especie de “Si ya saben cómo me pongo, para que me invitan” llevado a la puesta escénica, a un concepto que viene trabajando – se podría decir – desde hace diez años y a la emoción compartida por los más de 127 millones de espectadores que se dieron cita, no solo en el estadio, sino alrededor del mundo.

Lo que nadie se esperaba es la tremenda lección de inteligencia emocional que se guardó para el final: el amor vence al odio. En pocas palabras y por más trillado que suene.

El concierto de Benito fue una clara demostración de que el encuentro, la creación y el amor son todo lo que tenemos. Qué arsenal más poderoso. Me hizo pensar – y permitanme irme un rato de California para venir a la ciudad donde vivo, Rosario – en lo que dijo Julieta Massueli un rato antes en La Lengua del Juglar, donde un grupo de cantores armaron una evento para juntar plata y mandársela a las brigadas que están peleándole al fuego en la Patagonia. “Nos quieren quitar la palabra libertad, el encuentro, esto.” Nos quieren hacer olvidar que el amor es el camino. Que la empatía, el baile, nuestro ser tribal, son clave. Nos quieren solos y aislados en el living de nuestra casa, porque quietos, les servimos.

A la oleada de cretinos que vacían el Estado se los combate con cuerpo. Y a los yankis segregadores que proponen deportar, el conejo les contesta con arte, perreo y sudor latino. Bad Bunny no solo dio lo que algunos ya llaman “el mejor show de medio tiempo en la historia del superbowl” en términos de entretenimiento, cantidad de bailarines en escena, anticipación o audiencia en simultáneo, compartió una clase de geopolítica, identidad y sobre todo, una lección de cómo combatir con presencia, historia y patriotismo del bueno. En el medio: una orquesta imponente, un casamiento latino, más de 400 performers en escena, una tribuna de artistas poniendo el cuerpo, boxeo, una Ford F-100, Lady Gaga, Ricky Martin, Toñita, pavas de hojas de palma, un ensamble de violines, el homenaje a los pioneros del reggaetón, y baile. Together We Are America.

Cuando el mundo se parte al medio por el ICE, los conflictos armados, los gobiernos de extrema derecha y la crisis de representación, BadBunny celebra la unión, la identidad propia, el creer en uno mismo por más distinto que seas y mete a toda Latinoamérica en la final del Superbowl. En tu cara y en tu cancha, tio Sam.

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